¿Alguna vez has visto a un ángel llorar?
Yo lo vi una noche oscuro, justo antes de echar a volar pude observar como en aquel siempre olvidado mausoleo, sus alas desplegadas emitían unas pequeñas gotas de cristal, como lágrimas solidificadas colgando de sus brillantes y formidables alas blancas. Seguí con mis ojos todas las plumas que las formaban, hasta el nacimiento de ellas en sus omoplatos. Eran tan bellas...tan irreales que quise acercarme a acariciarlas; pero al continuar con mi mirada la curva de su cuello, vi dos pequeños regueros de un líquido semejante a la sangre seguir deslizándose por su cuello. Busqué el inicio, su origen y llegué a sus párpados cerrados. Noté como mi corazón se encogía ante la expresión tan fuerte que reflejaba su rostro, la pena invadía cada parte como si nada más existiera y eso era sobrecogedor. Sus labios eran una línea tensa de pura impotencia, su nariz de una rigidez inhumana como si intentara resistirse a mostrar sus sentimientos; lo peor eran sus ojos, si, estaban cerrados pero...podía sentir ese dolor a través de sus párpados, cuan fuerte debía ser para sentirse sin mirarle a los ojos.
Me quedé tan paralizada en el suelo al ser invadida por su dolor que ni siquiera intenté moverme cuando le vi desplegar las alas para abandonar el lugar. Sus ojos...pude verlos un instante antes de que echara a volar, cuando percibieron que yo había estado allí, observando desde la oscuridad.
No sé como describirlos, eran de tantos colores, con tantos sentimientos... dejé de respirar esos instantes en los que se fijó en mi y sólo pude sentir el latigazo de dolor que desprendió su mirada conforme se marchaba.
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