Para que haya paz, antes habrá guerra

Para que haya paz, antes habrá guerra
Rita

sábado, 20 de abril de 2013

Carta a Enien

Querida señorita:
He querido dejarme ir muchas veces y en muchos momentos, pero siempre he terminado por sacar las fuerzas de algún lugar cuando lo único que yo podía hacer era respirar. ¿Cómo lo he hecho? Eso me gustaría saber porque así me evitaría el mal momento de sentir que me derrumbo por dentro y el resto se piensa que sigo en pie. 
Sigo aguantando, ¿lo sabes? 
Estoy cansada y a veces me cuesta pensar en mi, estoy perdiéndome una vez más, pero a ti, ¿que te voy a decir? Seguiré muriéndome por dentro una y mil veces y seguiré en silencio.
Siempre he pensado que el resto está demasiado ocupado con sus cosas como para hacerme caso a mi, una persona tan pequeña para todo el mundo...tan...insignificante. 
Bien me he escondido en las sombras e intentado desaparecer cuando lo único que quería hacer era dar mi opinión y hacer ver que yo también valía la pena. 
Aún no he dicho lo que pienso de verdad; en parte por ese miedo infundido para mantenerme callada y no alborotarlo todo, en parte también por pensar que a nadie le importa. 
Y ciertamente, ¿a quién le importa?
Si, tú podrás decir que yo te importo mucho, pero si tuvieras que elegir entre salvarte o salvarme, elegirías salvarte. El instinto es el instinto y por mucho que me quieras y me aprecies, yo sólo soy un escalón más que has de pasar.
No soy tan importante como otros escalones, simplemente soy el que te mantiene en pie todo el tiempo que es necesario y al que siempre puedes volver, pero no soy un eslabón importante de la cadena que forma la gente que pasa por nuestras vidas. 
Me gustaría saber que tanto tragarme las cosas está ayudando a alguien, que seguir llorando mientras busco la solución está favoreciendo a alguien. Detesto esta costumbre mía de pensar que si nadie sabe como me come todo por dentro, no está pasando; pero está pasando y los problemas no se pueden ignorar tanto porque terminan por hacerte insensible.
O al menos en apariencia, ya que con sólo ayudar al resto, terminas creando una capa protectora, esas "máscaras" que no nos quitamos ni aún con tenazas, ni a solas ni con nadie. Todos nos ven fríos, sin vida; pero, ¿y ellos que saben?
Nada, no saben nada. Y si les cuentas cómo estás, te reprochan que se lo digas y te categorizan como exagerados y con afán de protagonista. 
¿Entonces?
Si, exacto, no se puede hacer nada, pero NADA. Porque hagas lo que hagas no les gustará, se pensarán que eres un egoísta si hablas de ti, que eres desconfiado si no le cuentas que te sucede, que les ignoras si no te pasas el día encima de ellos, que eres un pesado si te preocupas.
Sinceramente, me hubiera gustado muchísimo nacer hace unos cuantos siglos, cuando había estamentos y no tuviera que preocuparme por lo que dijera el resto,  sólo por el trabajo y por mi familia. 
También he de decir, que me hubiera encantado esa época porque no tendría estos prejuicios que ahora tengo por culpa de los nuevos cánones. 
Cada mujer es bella a su manera, si, puede tener una cara poco bonita, pero sigue siendo una persona. Y si, yo también critico a la gente, pero, tengo derecho a expresar mi opinión. 
¿Sabes que conclusión saco de esto?
Que soy la persona más inútil del mundo, más insignificante y más estúpida. 
Siempre tuya, 
                      Etim.

No hay comentarios:

Publicar un comentario